Friday, May 05, 2006

Montaner, sicofante

Carlos Alberto no cesa de escribir y de calumniar –dominicalmente, cual fervoroso monaguillo. Montaner, escritor y calumniador, editor y cipayo, tiene en su currículo profesional montones de artículos de prensa (y otras lindezas como novelas, ensayos y ¡hasta poemas! sí, poemas) que siempre tratan un mismo tema con dos caras (ninguna de las dos ocultas): Estados Unidos, por un lado, representa la civilización y Latinoamérica, por el otro, la barbarie. Es él un émulo pedestre de Facundo Sarmiento; éste sería infeliz si pudiera leer la baba ideológica (a mister M se le cae literalmente la baba con los Estados Unidos) del facundus petit maître.

El pie forzado de mister M para evocar la grandeza norteamericana es Fidel Castro y Cuba, en ese orden –cualquier texto periodístico suyo es de eso y de lo mismo; no importa que quiera escribir sobre la Conchinchina, Fidel y Cuba aparecen en cualquier esquina, de cortelazo. Pero ¿qué le gusta escribir sobre ésta su obsesión dominguera? Mister M adivina –es el Walter Mercado de la política cubana pero con poco, poco amor. Me lo imagino, tipo jueves en la noche, sentado a la mesilla ataviado con un albornoz punzó, disponiendo pequeñas cantidades de cualquier azúcar dietética en un humeante te con su mano derecha, mientras que la izquierda tamborilea sobre el teclado de su laptop. Cavila mister M, trata de penetrar los oscuros dominios castristas: a mister M le encanta el role de prestidigitateur. El futuro de Cuba tras la muerte de Castro, ese es su fuerte y, por supuesto, hablar mal de más de medio mundo (con alguna condescendencia para los europeos occidentales) y bien de los eficaces, creativos, austeros, eficientes, generosos, comedidos, racionales, cívicos, tolerantes y democráticos americanos. [Y aquí vale una incidental: cuando mister M escribe “los americanos” no se refiere a los americanos desplazados del poder y de la riqueza como consecuencia de las fuerzas y tendencias del mercado globalizado; ni a los millones que no tienen seguro médico o a los millones que, aún teniendo, pagan unas altísimas cuotas en los servicios médicos y medicinas; ni a los que agonizan en las factorías mientras él sofoca el calor de Miami en sus refrigeradas oficinas; ni a los millones que han sido y son víctimas “colaterales” de la guerra contra las drogas que el país más poderoso del mundo no ha podido ganar; por cierto, una guerra asimétrica como la que desataron contra el terrorismo iniciándose este siglo (¡qué curioso!, no han podido vencer ni al terror ni a las drogas, por el contrario esas “guerras” han tenido efectos multiplicadores de ambos males). No, mister M, cuando escribe “los americanos” se refiere a los 2,220,000[1] de millonarios norteamericanos y más afectuosamente al gobierno de este país y sus agencias.]

Los dominicales de mister M son eso, artículos conjeturales sobre lo que pasará en Cuba una vez Fidel Castro pase a retiro definitivo, artículos en los que los latinoamericanos pagan una vez más la cuota de ser bárbaros que no quieren imitar a sus ilustres vecinos para educarse, artículos en los que narra, febrilmente, lo tortuosa que ha sido la revolución castrista. Todos los artículos de mister M exudan ese su inconsolable complejo de culpa por ser quien es y transparentan lo arrepentido que está por ello. Pero cual evangelio de exiliado, uno debe proclamarlo todos los domingos, dejarse arropar con su mortaja ideológica, después de todo el tipo es presentable, es moderno, de maneras suaves y un Midas: todo lo que toca lo convierte en dólares, hasta a las personas.
[1] Sources: Merrill Lynch / Gemini Consulting, World Wealth Report 2000, Figure 3, and Merrill Lynch / Cap Gemini Ernst & Young, World Wealth Report 2001

0 Comments:

Post a Comment

<< Home