Thursday, September 19, 2019

Partida de Monseñor

¿Qué sabemos de la muerte? Apenas nada, poco —lo que sabemoses lo que nos dicen otros con su muerte, con su anonadamiento, idea que Emmanuel Levinas expresa en su seminario del viernes 7 de noviembre de 1975[1], e idea, también, que san Pablo escribe en su carta a la comunidad de Filipos[2]. Anonadarse, o reducirse a la nada. La idea de anonadamiento, en Levinas, está asociada a la desaparición de todo movimiento y de toda expresividad, como si en la muerte el cuerpo, ya sin alma, no fuera más que despojo abandonado por lo que algún día le perteneció, del mismo modo que él, cuerpo ahora ex-ánime, abandona a los suyos, a los que le pertenecieron, en el hábito del trato, en las complicidades, en la separación… fin de un ser[3]y, también, fin de un tiempo; la muerte, con su plazo inevitable[4], devora no sólo el cuerpo físico que portamos, sino el cuerpo histórico que somos, y, a los sobrevivientes, nos va dejando cada vez más solos, con menos razones para sobrevivir. En san Pablo, anonadamiento es reducción —de la condición divina a la nada humana, de la vida en abundancia a la nada estéril; anonadamiento hasta una muerte de cruz[5], concebida para los crímenes más abyectos, muerte ofrecida como rescate de algo perdido, recuperación del cadáver del hombre pecador para transformarlo, por la gracia de la sangre derramada del Cordero , en cuerpo glorioso. En Levinas, el anonadamiento es descomposición, agotamiento, desaparición, inmovilidad; en san Pablo, comienzo, curación, presencia, vida, porque en Él que vivimos, nos movemos y existimos[6].

La muerte del otro no es ajena, cada muerte de otro es cosa propia, quizás más propia que la de uno mismo, porque la nuestra, o nos anonada o nos lleva a la gloria, no lo sabremos hasta que la duda se agote, vela que se consume; y mientras, nos queda la fe, que es un avatar de la duda, nada metódica, tampoco desesperada. No la fe fatigada de los aplausos y los cánticos, y las palabras huecas de "bendiciones" y "aleluyas", sino la fe serena que duda y se repone, la fe cuya fortaleza está en el dictum, en las cosas dichas, según recoge la tradición escrita, por un judío marginal[7]. Entre lo dicho y lo escrito pueden verse interpolaciones interesadas pero, no por ello, menos creíbles. 

Sabemos poco de la vida de quien llegara a ser Monseñor Jaime —algunos creen saber más, porque lo vieron aquí, coincidieron allá con él, o "por las noticias", por las habladurías en los corros parroquiales, pero , en verdad, sabemos poco de la vida de Monseñor Jaime, como poco sabemos de la vida de cualquier otra persona, porque ni siquiera lo que dicen revela todo lo que encierra toda conducta humana. Sabemos que murió, que ya no está, que se apartó a tiempo para morir, como siempre se muere, solo (acto individual, la muerte), aunque estuviera acompañado por los agradecidos, por el agradecimiento y, ahora, por el recuerdo, el homenaje. Los hay que lo recuerdan remordidos, desvencijados, por su propia ingratitud. Sabemos que se consagró a predicar la vida, a vivir la vida, no como la vive el mundo, sino como él la creyó; y que, hombre sabio, se equivocó, el equívoco consustancial a esta "naturaleza" humana —"no hago el bien que quiero…"[8]Sabemos que sufrió los equívocos que toda Revolución cuando es verdadera[9] genera en su afán de liberación y de emancipación—complejo, y doloroso, proceso de rupturas sin apenas continuidades, de estas, una de las pocas, la Iglesia a la que Monseñor sirvió, signo del ayer, que, a fuerza de presencia y gestos sólidos, se convirtió en interlocutora de un gobierno y un Estado en el que el laicismo, más de talante liberal que comunista, y el ateísmo, más mimético que científico, eran santo y seña; y desde el antes estáen el ahora de un país cuya Revolución es hoy una cuestión de gobierno, un asunto de Estado, más que un proceso totalizador de lo social[10]. Sufrió también los equívocos de los que se apartaron, no sólo del país, sino de la realidad y de la verdad; sufrió el encono de "los conjurados" que viven de los réditos que dejan la especulación y el oscurantismo, y han acumulado tal capital político que hasta las propias autoridades eclesiásticas locales cuidan de expresarse inequívocamente sobre Monseñor[11]. Sabemos que intercedió, pastor de vocación, por aquellos cuyas voces eran inaudibles. 

En el recuerdo de su amistad se mezclan esos tres afectos primitivos que describió Spinoza[12]—el deseo, la alegría o la tristeza . El deseo de aquella otra vida, ya acabada, sin retorno, en la que las cosas fluían y se ordenaban de manera natural, y de su trato, tan cordial y distinguido; la alegría de haber estado a su lado; la tristeza de la infidelidad. Recuerdo, de nuestras conversaciones, su insistencia "en pactar con la realidad" como condición para ser efectivos en nuestro hacer. Su pasión por la rectitud y lo pulcro lo distinguió entre tanta ordinariez, a la vez que lo convirtió en "blanco" de la "masa" políticamente inerte e intelectualmente baldía. A pesar de todo su conocimiento humano, no lo confundió la soberbia ni se conformó con predicar, o actuar, ad captum vulgi—predicó y actuó según entendió su misión.

Hay partidas que dejan luz, iluminado el espacio de tiempo que la persona, ahora anonadada, ex-ánime, ocupara; otras delimitan el tiempo, su tiempo—con la partida de esa persona se acaba un tiempo, una manera de pensar y de comportarse. La partida de Monseñor es de esas que dejan luz, iluminando el espacio de tiempo que ahora es memoria, y marcan, de-limitan, el final de un tiempo. Y nos hacen sentirnos, y estar, más solos, asolados, como si el sentido de pertenencia al acontecimiento que encarnaron se diluyera, deteriorara. Sólo en la memoria que se escribe, en la memoria dúctil a la escritura, podemos esperar, pacientemente, nuestro propio anonadamiento.  


[1]Emmanuel Levinas Dios, la muerte y el tiempo. Ediciones Cátedra, Madrid, 1994.
[2]San Pablo, Carta a los Filipenses, Capítulo 2, versículo 7
[3]Levinas, op. cit.
[4]Levinas, op. cit.
[5]San Pablo, ibid.
[6]Hechos de los Apóstoles, Capítulo 17, versículo 25.
[7]Véase John P. Meier, A Marginal Jew, Doubleday, 1991.
[8]Carta a los romanos, Capítulo 7, versículo 19.
[9]Cfr. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f020161e.html
[10]Ver esteartículo en Granma.
[11]Ver la declaraciónoficial del Arzobispo de Miami. Es fácilmente advertible su lenguaje aséptico y descomprometido .
[12]Véasela Ética de Spinoza

Saturday, January 26, 2019

De entelequias y filiaciones, o de la inocencia imposible*

¿Cómo se llama el espacio que separa la censura de la crítica?—pregunta, con aparente inocencia, el intelectual. El poder, se responde a sí mismo. Y el poder, para muchos intelectuales inocentes, lo ejercen siempre otros; en Cuba, desde hace mucho, con mayor o menor (des)afecto, mayor o menor encono, ellos, esta gente. Sobre todo, esa gente que no nos deja vivir en absoluta libertad y paz, como (creemos que) nos merecemos, porque siempre merecemos más, aunque demos menos, aunque no demos nada, aunque más bien restemos—y ese menos, ese nada y ese restemos, aclárese, ni siquiera, a estas alturas, en otros términos que no sean, estrictamente, los de producción intelectual pertinente. Siempre me ha parecido que no hay víctima, real o ficticia, más procaz que la que acusa de su victimismo al poder —como si existiera El Poder, así, en abstracto y no relaciones de poder en las que la censura es función, debida o indebidamente ejercida por una de las partes del propio enfrentamiento entre los sujetos de esas relaciones, o como si determinadas víctimas de la censura —en este caso, los intelectuales inocentes— no ejercieran, contra el poder, su propia forma de censura al (auto)erigirse, ellos, en custodios de la libertad. Los intelectuales, de nacimiento inocentes, censuran al poder, de nacimiento culpable, por querer este —el poder— también, ¿y por qué no?, ejercer su derecho a la libertad.

En el caso de Cuba, la censura se ha ejercido, desde el poder, como instrumento político de supervivencia, en primer lugar, y, en segundo, de unidad frente a un enemigo poderoso, implacable y decidido —la historia son los hechos, no nuestra interpretación de los hechos—, mientras que la crítica se ha ejercido como mecanismo de propaganda, y, extra-oficialmente, en el mejor de los casos, como ejercicio del criterio informado, regulador; en el peor, de amiguismo o su reverso (character destruction, pues es más fácil destruir la imagen de una persona que un lienzo, una película o un libro). En el mundillo intelectual de cualquier época o lugar del mundo puede observarse esa mala conducta de la crítica, sin que ello obste para que haya, en ella, espacio para algo más, intelectuales que ejercen como críticos, y que lo hacen con una actitud tan responsable como soberana, lo cual no significa tratar de situarse por encima de su tiempo ni de sus circunstancias, sino asumir los riesgos y consecuencias de su propia verdad frente a la verdad de su época, en ese tiempo y esas circunstancias, y la verdad, si lo es, no es neutral, ni aséptica, ni una serena fuente de retozo.

Por alguna razón que tiene que ver más con mi biografía que con la filosofía, el positivismo, como escuela filosófica, siempre me ha disgustado, pero sobre todo como vulgarización popular de esa escuela. Una cosa es Comte y otra bien distinta el buen hijo de vecino que se precia de ser un tipo objetivo y práctico que no cree en musarañas—con un poco más de lectura o de insolencia, ese mismo Comte de bolsillo podría un día espetarnos que no cree en entelequias (más, sobre este asunto, después). No obstante, en el caso de comentar la obra de un grupo de compatriotas a quienes apenas me unen ciertos nexos secundarios, como el pasaporte —el mío, si no jurídicamente, al menos moralmente disminuido: soy ciudadano cubano medio apátrida— y años de vida en la(s) isla(s), en la candela, a diferentes temperaturas y atizadas para quemar diferente leña, pero en la candela; solo que ellos se iniciaban en la vida cuando yo partía para esta otra, dañada—, algún grado de positivismo, de empiria, puede servirnos de herramienta útil, y ayudarnos a reparar en los hechos que, en el caso de la literatura, son las palabras, o su ausencia, y tratar de alejar ese fantasma tan humano que son los afectos desordenados. Haré uso de una de las características que Nicola Abbagnano atribuye al positivismo en su Diccionario de Filosofía: "El método de la ciencia es puramente descriptivo, en el sentido [de] que describe los hechos y muestra las relaciones constantes entre los hechos que se expresan mediante las leyes y permiten la previsión de los hechos mismos (Comte) o en el sentido [de] que muestra la génesis evolutiva de los hechos más complejos partiendo de los más simples (Spencer)." (Los subrayados son míos.)

Por compañero interpósito, supe de una plataforma digital desconocida para mí hasta ese entonces; Rialta, por más señas, y a través de la cual se divulga el ambicioso y múltiple quehacer de una editorial, un archivo digital y una revista en línea (Rialta Magazine). Según la tradición judía, los nombres son dados hasta la destrucción del templo, y aunque el templo ya fue destruido, los nombres siguen llevando en ellos esa incrustación de origen y destino, exégesis de la esencia de cada cosa. ¿Por qué Rialta? Rialto es el nombre de la zona más céntrica de uno de los seis sestieri (distritos tradicionales e históricos), el de San Polo, en que está dividida Venecia, y de una ciudad en California, y de corporaciones, teatros y restaurantes. Había, no sé si todavía exista, un cine en La Habana que se llamaba así, Rialto. Rialta, además de nombre común en A Coruña, Galicia, es también voz irlandesa que se puede traducir por “algo habitual, regular, que sucede con regularidad” e, incluso, tiene acepción y uso eclesiásticos, sujeto a regla religiosa. Existe, desde 1984, una revista inglesa independiente de poesía, que hace también las veces de editorial, que se llama The Rialto. Rialta, además, me comenta el mismo compañero interpósito—quien descubrió Rialta al azar, mientras indagaba por detalles históricos olvidados sobre el caso Padilla, a propósito de un artículo suyo, que escribía entonces, sobre la censura—es el nombre de la madre de José Cemí, protagonista de Paradiso. Tratándose de una publicación periódica, el adjetivo irlandés, que significa regular, parecería el candidato más idóneo —haya estado o no en la mente de los creadores de esta plataforma—, pero tratándose de una publicación periódica en, y tras, la cual se agrupan un número mayoritario de intelectuales cubanos, y de una filiación (¿posrevolucionaria?—para ir, digamos, suave), quieran ellos o no, estén interesados en confesarla o no, muy particular, la relación del nombre de la revista con el personaje de la novela de José Lezama Lima—figura tutelar, en Cuba, de varias cosas, entre ellas de un cierto revisionismo en virtud del cual ahora resulta que Lezama Lima no es (fue) más que otra víctima del poder, demasiado inocente, o demasiado débil—, apunta a la pista más probable de todas.

Después de los nombres, los hombres. Director y editores, siete nombres que no reconocí y por los que pregunté a ese curioso incansable, ese voyeur que ya somos cada uno y que todos usamos con distinta intensidad y confianza, y hasta con cierto embarazo. En las páginas de la revista pueden encontrarse breves biografías de casi todos, salvo del último de los editores que aparecen en la lista y que responde al nombre de Aldo Álvarez Santos. A excepción de uno que nació en 1973, los demás nacieron entre 1980 y 1988 —cuando la generación a la que pertenezco ya andaba por entre los 20 y 30 años, y se había equivocado lo suficiente, sobre todo políticamente, como para invalidar cualquier excusa de inocencia— y todos tienen textos publicados en Rialta con excepción de Aldo. Textos de un diapasón encomiable, incitante—de Gombrowicz a Cioran, de Borges a Sergio Pitol, de Mañach a Calvert Casey, de María Zambrano a Elizabeth Bishop, de Mirce Cărtărescu a Cormac McCarthy, por solo mencionar unos pocos entre más y menos conocidos, de autores de nuestra y de otras lenguas— y, al menos a primera vista, o en primera lectura, de cuidada hechura, lo que no es hoy, ¿lo habrá sido alguna vez?, la norma en la (b)logosfera insular. Es la información que puedo leer, en línea, hoy 17 de enero de 2019. Una plataforma digital no es un incunable en una biblioteca; así que la información que aquí doy ahora es perecedera y podría ya haber sufrido cambios. Rialta, plataforma digital de la revista, la editorial y el archivo digital ya mencionados, ha sido inteligentemente diseñada, con sobrio y elegante gusto y evidente funcionalidad —desde el fondo invariablemente blanco de cada una de sus páginas, entre las cuales se navega sin dificultad, no nos salta a los ojos ni al cuello nada chillón ni nada que se pueda descartar de entrada como gesto improvisado de amateurs ingenuos o irresponsables; nada vulgar, nada que recuerde el solar cubano en que tanto opinador cubano ha convertido los medios sociales (sucede que, por el mero hecho de opinar, las más de las veces inopinadamente, sobre lo que les venga en gana, muchos opinadores se consideran ya intelectuales, y hasta la indiferencia o repulsión, más que justificados y legítimos, en que se los tenga podría ser catalogadas, por ellos, de censura). Es obvio que detrás del esfuerzo y de sus resultados hay no solo intenciones, sino recursos más que suficientes: humanos, técnicos, financieros, intelectuales. Honor a quien honor merece. Los textos publicados en Rialta Magazine, originales o no, expresamente escritos para la publicación o no, así como los libros impresos o digitalizados por la editorial Rialta, se engarzan hábilmente, sin aparente tropiezo, y aparecen en distintas secciones de la publicación sin que por ello parezcan vicios de repetición o mero rellenoand so, let me repeat it, kudos for the overall design of Rialta. Dicho todo esto sin el menor asomo o sombra de sarcasmo. Lo que Rialta llama “diseño de cubiertas”—y que no me queda del todo claro dónde comienza y dónde termina: ¿se referirá ello exclusivamente al diseño de las cubiertas de los libros que publica Rialta?— está a cargo de Gerardo Islas. En un primer momento, como se dice, it rang a bell. Me pareció haber escuchado o leído ese nombre asociado a las artes visuales, no sabía, no sé, dónde. De vuelta al voyeur oficial de nuestro tiempo, de nuestra posmodernidad al parecer, por ahora, nada preocupada por pasar de su arrellanado pos- a algún precario pre-. El nombre de marras es también el de un político mexicano del Estado de Puebla que, a juzgar por lo que se puede leer, es un tanto colorido —noticias de matrimonio y divorcio con una tal Sherlyn González, por sus nombres los conoceréis, y posible aspirante a la gubernatura de ese estado mexicano, muchacho joven, nació en 1983, y al parecer muy dinámico. Most obviously, este no es el diseñador de Rialta. Hay otro Gerardo Islas cuyo segundo apellido es Bulnes, también diseñador pero de sonido, asociado a la industria cinematográfica, y sobre el cual se puede encontrar muy escasa información en IMDb. Este tampoco es el Gerardo de Rialta, a quien finalmente encuentro aquí.

Rialta es, reitero, sitio digital de muy buena factura y abundantes colaboraciones que, desde el título y el tema, y el approach que insinúan, llaman la atención, invitan a buscar, a leer, con la esperanza, entre otras cosas, de confirmar que no estamos ante otro Penúltimos días o ante otro Diario de Cuba, tan mal concebidos (paridos) como burdos e, inevitablemente, provincianos. Rialta parece otra cosa, una revista literaria en línea que no quiere ser sino eso, y que no anda malgastando sus dineros, mal habidos o no, en “reportar”—tal vez deberíamos empezar a decir “repostar” (o “abastecerse de provisiones o combustible”), por aquello de que algunos viven de eso, del cuento— las tan violadas, por ellos mismos, violaciones de los derechos humanos, demasiado humanos. Pero, al igual que la verdad, las palabras —esos hechos de la literatura—, no son neutrales. Por regla, cualquier reclamo de imparcialidad o neutralidad lo tomo por una declaración de principios doctrinales alineados con alguna religión, alguna ideología, alguna agenda, secreta o no. Me permito reproducir dos pasajes de la sección Sobre nosotros, en que Rialta se explica a sí misma. Mi selección es, por supuesto, interesada, parcial, pero está basada en (y cito) las propias palabras de los editores de la revista:

"Nucleados en el espacio virtual www.rialta-ed.com, nos interesa generar una red transnacional (posnacional, si cabe), un foro intelectual plural, un espacio de encuentro capaz de salvar las distancias físicas, políticas y coyunturales para indagar, reflexionar y discutir en torno a lo mejor del pensamiento y la producción cultural, facilitar el acceso a las fuentes de información y estimular la producción de nuevo conocimiento.
En Rialta no nos interesa vindicar filiaciones ni adorar entelequias nacionales; nos interesa, eso sí, la excelencia estética, el vigor del pensamiento y el rigor editorial. Vale aclarar que el proyecto no está vinculado ni representa ningún tipo de organización política o religiosa." (Los subrayados son míos.)
Lo de posnacional parecer ser un concepto muy caro a quienes hacen de la ausencia de obligaciones con nada que no sea el proyecto de su propia existencia, privada o pública, su carta de presentación, y de la libertad divorciada de toda necesidad (y, por tanto, de todo límite libremente asumido), su única filiación, convirtiéndola así, de hecho, a la libertad, en una entelequia, entelequia que adoran. Lo de posnacional, también, y más taimadamente, no es solo pretender haber llegado a otro paradigma, otro zeitgeist, otra civilización que hacen de lo nacional algo anacrónico, sino sobre todo descalificar, de entrada, por anacrónico y por indeseable, impertinente, hasta peligroso, todo lo que aún se reclame, e invoque, de una nación o proyecto de nación, de un modo de ser otro, una cultura otra, un temperamento y una sensibilidad y un imaginario propios, para reconocer, e identificarse con, los cuales no se precisa de chauvinismos criminales ni de patriotismos llorosos, sino reconocerse en —y sentirse, en lo incumplido, obligados con—aquellos que, en su momento y sus circunstancias, hicieron lo que (muchos de) nosotros habríamos también hecho porque todavía, en este momento y estas circunstancias, nos siguen exigiendo nuevas encarnaciones, nuevos cumplimientos. Por lo que, en Cuba, todavía, y quién sabe por cuánto tiempo, lo de "posnacional", quiéraselo o no, no puede resolverse sino en lo contrarrevolucionario. Lo de posrevolucionario es mero eufemismo por contrarrevolucionario. La Revolución apenas ha logrado lo que se proponía. En ese sentido, apenas ha empezado.
Preferiría que los de Rialta fueran eso que describen en Sobre nosotros, "una red transnacional capaz de salvar las distancias físicas, políticas y coyunturales", aunque, a decir verdad, tampoco es de mi sensibilidad política congraciarme con lo transnacional —¿algún problema con escribir internacional?—, ni creo que ciertas distancias políticas son o deban ser salvables, salvadas. Puedo ver, en los Estados Unidos, por ejemplo, a un republicano y a un demócrata salvando distancias, pues salvar distancias es para ellos una necesidad, no un lujo: al final comparten la devoción por el mismo sistema político, por el mismo sistema socioeconómico, por el mismo régimen de propiedad, con mayor o menor impiedad, por la misma cultura, por el mismo sistema de valores, el mismo imaginario, entre circense e ingenuo—todos los americanos tienen algo de ello: de lo hollywoodense, que parece ser a los norteamericanos lo que el choteo a los cubanos. Pero dada la historia política de Cuba en sus últimos sesenta años, no veo a un revolucionario salvando distancias con un contrarrevolucionario. Toda revolución verdadera es también dramática, agónica, trágica, porque al tratar de romper y superar un sistema de explotación y enajenación mucho más antiguo y más arraigado que la propia revolución —incluso en quienes, desde ella, aspiran a superarlo—, y, por tanto, más fuerte, más instintivo, por lo que se ve en la obligación constitutiva, estructural, de negarse a echar vinos nuevos en odres viejos, porque se pierden el vino y los odres. En cambio, no hay contrarrevolución que responda, nunca, a necesidades históricas verdaderas. Verdadero viene, no lo olvidemos, de verdad, por lo que la idea misma de lo genuino es inseparable de la verdad, porque la esencia política, teológica, de la verdad es revelar y encauzar, con y por todos los medios posibles, la más antigua y tenaz—y, por tanto, la más verdadera— de las aspiraciones, la de la emancipación humana, que para mí se alcanza desde la fe en el Cristo que es epifanía de Dios, su presencia-entre-nosotros, en la figura profética y desiderativa de la vuelta al jardín, en el que la única distinción entre Dios y su creatura fue el acto de obediencia de no quebrar el mandamiento del reconocimiento de la soberanía divina, de manera tal que la muerte, con su injusticia de origen, no se instalara entre nosotros, como recordatorio doloroso de la soberbia humana. La revolución —y ello lo digo sin querer apresurar el paralelo entre el dictum divino y la práctica revolucionaria— es un acto de fe, y por la vida, porque trata de restaurar, pero sobre todo de crear, en el siglo, soberanías donde ha reinado la soberbia, re-crear la libertad donde su ejercicio como excepción crea la ilusión de vivir en ella. Eso es lo revolucionario. Lo revolucionario, si verdadero, es siempre cuestión de vida o muerte. En Cuba todavía estamos muy cerca de los hechos de la revolución, y ni podemos ver, en toda su extensión, su drama, ni aquilatar todo su alcance, ni comprender los hechos de los hombres —ni a los hombres de los hechos— por entre cuyas manos corrieron la sangre y el lodo de la violencia a partes iguales con el agua, purificadora, de la justicia. 
No son meras divagaciones estos apuntes en torno a "lo posnacional" y lo revolucionario, son juicios de valor y reclamos (defensa) de sentido, y son tomas de partido. ¿Qué significa "posnacional" en un mundo controlado por transnacionales, matriculadas en su inmensa mayoría en Occidente? ¿Significa acaso renunciar a la soberanía de unos en favor de otros? ¿Dejarán, por ejemplo, los norteamericanos de ser sujetos "nacionales" para convertirse en "posnacionales" y sentirse iguales a los ciudadanos (más) pobres del mundo, y sentarse con ellos en pie de igualdad a la misma mesa? Pienso en lo ocurrido a finales del siglo pasado y comienzos del presente, cuando en América Latina se iniciaron una serie de procesos políticos que llegaron a identificarse, bajo múltiples formas y filiaciones nacionales, como "socialismos del siglo veintiuno", en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Honduras, Brasil. Los gobiernos de esos países, democráticamente electos —según las fórmulas de la más clásica de las definiciones de la democracia: sistema basado en la representación electiva y revocable de las mayorías—, fueron acosados por los gobiernos de los países ricos, los Estados Unidos a la cabeza. Las administraciones de Bush, Obama y Trump, que al final son, ideológica y geopolíticamente, una única y misma administración con variaciones de personalidad, retórica y estilo —el tan overrated Obama es alguien mucho más presentable que Trump o que Bush, y mucho más presidential, pero las diferencias políticas e ideológicas (¿algún problema con escribir ideológico?) entre ellos son apenas perceptibles pues son apenas existentes, o son solo pertinentes dentro del propio sistema—de demasiado cerca vendría entonces la recomendación— y en esencia limitadas al manejo de los impuestos y el gasto público y la diversidad de tácticas para lograr el objetivo supremo de una única e invariable estrategia: asegurarse de que los Estados Unidos sigan siendo el líder del mundo, es decir, controlando sus recursos y la manera en que estos se explotan y benefician a unos y no a otros— , impidieron que esos procesos se desenvolvieran a su ritmo y por sus propios medios, les abrieron fuego cruzado —desde maniobras subversivas presuntamente emanadas por generación espontánea de la "sociedad civil" hasta el golpe jurídico o militar, estrategias económicas para asfixiar a la población, conspiraciones para matar y extorsionar. Desde hace unos años, a esos mismos países ricos, los recorre un espectro, el espectro del chauvinismo y del revanchismo, que capitaliza las frustraciones de sus ciudadanos "naturales" y les inocula en su imaginario político dos grandes terrores culpables de todas sus miserias: la inmigración y el terrorismo. A ese espectro podría llamársele "fascismo del siglo XXI", tentativa ingenua o demagógica de "salvar” a una “civilización occidental" inconcebible ya sin sus “enemigos”, por no hablar de la imposible “pureza”, material, racial, cultural, demográfica… de su pasado colonial y neocolonial. Nuestros sujetos posnacionales consideran este fenómeno político, que se vende como "antisistema" pero que no es más que expresión concentrada de lo peor del sistema mismo, una respuesta a situaciones internas que han escapado del control de las sociedades y de los gobiernos, y que anegan en violencia a una sociedad cada vez más atomizada entre sus rotos diques, hechos saltar por sus propias e insolubles contradicciones. Nuestros sujetos posnacionales, cuando más, les dedican a esos gobiernos populistas de derecha algún que otro comentario de comedia (y, por lo tanto, comedido), sin que vean en ellos algo más que pasajeros o inofensivos pasatiempos políticos. Es tal el doble rasero que, en nombre de un mínimo de rigor, lo de "posnacional" deberíamos dejárselo a los suecos (reales y genéricos). 
En la nota de los editores de Rialta, como ya vimos, también se lee, palabras textuales, que a la publicación no le "interesa vindicar filiaciones ni adorar entelequias nacionales". Si lo de "posnacional" merecía un comentario, más o menos extenso, esta frase merece una criolla trompetilla, sobre todo eso de que no le interesa vindicar filiaciones ¿Habremos llegado ya al reino de los cielos? ¿Serafines, querubines, ángeles por doquier? De las filias, y las fobias, no escapamos, nos constituyen, para gracia o desgracia —el que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama, se lee en los evangelios. Hasta Dios vindica, exige, filiaciones. Entonces, ¿a qué viene tamaña inocencia? A juzgar por los currículos personales, y las filiaciones explícitas e implícitas, que están detrás de lo que se publica en Rialta —toda selección es, de entrada, discriminación y toma de partido, y Rialta dice mucho más de lo que privilegia por aquello que omite que por aquello en lo que abunda—, inocencia intelectual es lo menos que se puede esperar de esa empresa.

Lo de "entelequias nacionales" es harina de otro costal —ahí hay mala fe y mucha leche cortada. ¿A qué llaman una "entelequia nacional"? ¿A un proyecto de emancipación y justicia que data, en Cuba, de principios del XIX? ¿Al discurso y la práctica de la última de nuestras revoluciones? Para mí una "entelequia nacional" es "Make America Great Again", fantasma (y fantasía) retrógrados, racistas, exclusivistas e imperialistas. Pero la Revolución cubana —y por tal entendemos la revolución cubana de longue durée, porque a eso es a lo que se refieren los de Rialta, claro, sin mencionarla, como se aviene al gusto de quienes “no está[n] vinculado[s] ni representa[n] ningún tipo de organización política o religiosa”— no es una entelequia nacional, la revolución cubana fue, y es, una necesidad y una realidad históricas, pues en Cuba nunca ha sido posible articular lo nacional al margen de lo revolucionario, contra España primero, contra los Estados Unidos después, contra el propio lastre de lo colonial y lo neocolonial en lo cubano mismo, y, hasta ahora, la etapa decisiva, para su continuidad y renovación, pero también para su propia supervivencia, del proyecto nacional cubano. Sesenta años después, la Cuba surgida de la Revolución, aun cuando fue traumáticamente (¿terminalmente?) dañada por las privaciones y el desconcierto del período especial, todavía exhibe una sociedad en la que los valores de justicia y respeto por la persona humana son una realidad sobre el terreno y son, incluso, el centro de toda política, en medio de colosales limitaciones, y en medio de mucho más grandes ingratitudes y persistentes errores, deformaciones, vicios.

Yo tengo una "entelequia nacional" y son las ideas del Mejor de nosotros para Cuba, y, de paso, para la humanidad, para lo humano. Otra "entelequia" que tengo, esta, supranacional, pero no poshistórica, es la de estos actos y dichos recogidos en Marcos 10:17-30: "¿(…) qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?, preguntó el discípulo, "(...)vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo (…), respondió el Maestro. 

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*Publicado originalmente en Patrias. Actos y Letras.

Wednesday, October 24, 2018

Fastidio y deber


Incomoda ocuparse de estos asuntos menores forzados al primer plano por el odio y el rencor. Atenazados como están, los odiadores, por la amargura de su derrota irredimible —no por derrota, quizás el más común destino humano, a point of no return, sino porque se obstinan en hacer de ella blasón, festinado, de todas sus frustraciones, confirmación de todas sus equivocaciones, perversión de todas sus obsesiones. Oportunistas de toda ralea, a la caza de cuanto les parezca que pueda justificar sus fines por cualquier medio, se empeñan en mostrar un video artesanal de apenas minuto y medio como último y definitivo alegato contra la presunta violencia policial en Cuba que, visto bien y analizado mejor, pudiera ser, como tiro salido por la culata, si no un homenaje a las fuerzas del orden en Cuba, sí evidencia de que la tal violencia es apenas una serie torpe y aleatoria de escaramuzas sin peores consecuencias, en las que, por momentos, la misma policía parece ser la víctima. [De haber ocurrido esto en cualquier ciudad de los Estados Unidos, esos ciudadanos, tanto los que parecen ser el centro del conflicto como quien graba la escena, podrían estar muertos: a los agentes de policía de por acá no les tiembla el pulso de cowboy a la hora de disparar, ellos mismos parecen sacados de una película de ciencia ficción, con toda esa parafernalia que exhiben y los brazos cubiertos de tatuajes, cuando se sienten no ya agredidos, sino tan solo desafiados en su soberbia autoridad, máxima  e indiscutible, de ejecutores —nunca mejor empleado el sustantivo— de la ley.]

Molesta ocuparse de estos asuntos infames que sólo consiguen menos, mucho menos, que esos (in)famous fifteen minutes of fame—unos likes, algunos shares, otros tantos thumb ups, quizás en el orden de los miles, de esos "miles digitales" que cuentan tanto en el entramado emocional de esos que, tan faltos de afecto como abundantes en efectos especiales, se dedican a convertir en viral—incomoda y molesta usar ese lenguaje de barricada virtual que trasunta tanta simpleza como cobardía— cualquier cosa que les parezca que puede desnudar al régimen, incluso ese video casero sin otras pretensiones que mostrar lo aguerrido que son esos documentalistas en que se han convertido todos los que portan una tecnología apta para digitalizar la realidad y después "subirla" a cualquiera de esas plataformas virtuales en las que parecen que hoy viven, se mueven se soban unos a otros el necesitado ego tantos exiliados de la verdad. El arte como patrimonio de todos—tal parece que las consignas de ayer mudaron en estos eslóganes de hoy. En el arte democrático, lo estético no cuenta y cualquier escrúpulo ético sobra.

Irrita ocuparse de estas manipulaciones groseras, captadas y transmitidas con una tecnología que, en su aparente neutralidad, coarta la posibilidad misma (por no hablar ya de la voluntad) de captar la complejidad de los procesos sociales, y que, en vez de ello, alimenta la mistificación de la realidad, engordando las cuentas, nada virtuales, de los genios (de humo), amancebados en valles californianos y edificios corporativos, entre sí y para sí, rodeados de  chips y devices como en la antigüedad, de botín, los bárbaros. 

A la máxima leninista sobre la testarudez de los hechos habría que añadir la innegable verosimilitud de las imágenes, su valor ante el desgaste del lenguaje oral y escrito, ese everyday speech desprovisto de significado, amplificado por el torrente mediático que adormece no sólo las conciencias, sino los cuerpos, haciéndolos tan imprecisos como etéreos. Los hechos que narra el video de marras: unos policías detienen a alguien, el documentalista graba lo que llama agresión a los ciudadanos de Jatibonico y se burla de uno de ellos, míralo, con la lágrima —parece referirse a un tatuaje—, mientras pide a otros agentes que hablen y que lo golpeen mientras graba para su privada posteridad el incidente; la toma acaba en un forcejeo. Informes posteriores indican que el hacedor del video "quedó detenido" cuando "se disponía a denunciar a los policías", de lo que se colige que no fue arrestado en el momento del incidente.

Al margen de las arbitrariedades de unos y las estupideces de otros, el incidente en cuestión habría pasado desapercibido para cualquier medio de prensa que no sea uno de los tantos timbiriches desinformativos que han proliferado en los últimos años en los nuevos campamentos de entrenamiento, las nuevas ciénagas, los nuevos Everglades, reales y virtuales, de la siempre patética, ridícula, vulgar, bufa contrarrevolución cubana—pues no sería rentable para la credibilidad de esos otros medios (incluidos aquellos que tienen como política tergiversar sistemática, enconadamente la realidad cubana, como El País, de España, vanguardia de la desidia y la desinformación cuando se trata de Cuba[i]) presentar como noticia lo que no pasaría de incidente menor y rutinario en cualquier municipalidad o barriada de cualquier ciudad del mundo desarrollado o no. Pero sucedió en Cuba, y ello atiza la imaginación cómplice de quienes no pueden soportar que exista, con derecho propio, un lugar en este mundo en que el mercado sea subalterno y no soberano, de quienes, sin saberlo, se apenan de su propio raquitismo, de su endeblez. Sucedió en Cuba y eso es suficiente para que la "civilización" se sienta amenazada en sus cimientos, una "excusa" más para mostrarnos cuán equivocados están los otros, cuán dichosos somos de vivir en una democracia.

Incomoda, molesta, irrita ocuparse de estas cosas que, de tan insignificantes, se desvanecen en el aire antes siquiera de alcanzar un mínimo de solidez, pero que les llenan los bolsillos a algunos y los embarga con esa felicidad barata que, de tan fugaz e insostenible, apenas justifica el esfuerzo.

Pero hay cosas que son de justicia y decencia elemental, y aun cuando se quiera estar lo más lejos posible del lodazal, la penosa fabricación de los hechos no deja otra alternativa que hacer aquello que alguna vez nos molestó que se nos impusiera, pero que hoy nos imponemos nosotros mismos hacer: salirle al paso, con el pie izquierdo.





[i]Quien lo dude, que tenga la cortesía de leer Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, de Salim Lamrani, y de disputar las verdades documentadas en ese libro. 

Thursday, October 11, 2018

A ambos lados del dolor: soliloquios paralelos

Wed, Jul 4 [2018], 4:54 AM

C: La salud de mi madre se ha venido deteriorando rápidamente. Lo de la operación ya había sido descartado hace tiempo, y ahora ya es tarde. Prácticamente no tendré tiempo salvo para estar con mi madre... Salgo hoy a las once de la mañana.

Presagios que apuras afuera, que no concibes, que nunca estuvieron ni en tus cálculos más realistas... Ver, ahí, el cuerpo que alguna vez fue joven y sano, que se apuraba en las tareas y descansaba en el portal, el balcón, el muro, el quicio de la puerta. Presagios en forma de imágenes y visiones, que esquivan las palabras, porque las palabras duelen por demasiado trasparentes... Hay trasparencias que desesperan por lo que cifran de vacío. Te haces fuerte, porque en ti está la sobrevivencia de la especie que alguna vez fueron ustedes, cuando todo parecía tan lozano y eterno como la vida misma, como la esperanza que sientes los sábados en la mañana de los ayeres. Solo, te sabes cada vez más solo, y te adelantas, en la de hoy, a la soledad, aun mayor, de mañana.

Thu, Jul 5, 9:09 PM

H: De vuelta en casa. ¿Cómo sigue la vieja?
C: ... Nada bien...

Sat, Jul 7, 8:10 AM

C: La vieja algo aliviada por el nuevo calmante...

8:16 PM

C: ...demasiado enredado con mi madre y agotado. La situación es delicada.

Aquellos presagios de ayer... vienen y van, te hacen más viejo y te dejan más solo. Sientes todo el peso del mundo en las noches de vigilia... vanitaspeccata mundi. Conversaciones que no hacen otra cosa que llevarte a ansiar estar más solo, con tus recuerdos, los de ella, los de ustedes y los de los demás. Memorias que pasan como fotogramas —a veinticuatro por horas, en cámara lenta, y te detienes en cada una de ellas, un rato, el necesario para que, en la fijeza de tu mirada, se muevan, retrocedan, se reclinen, bajen la cabeza, conversen, porque, aunque hay silencio, el mundo que evocas no es silente.

Sat, Jul 7, 9:31 PM

H: Sé lo complicado emocionalmente que estás.
C: La fatiga es también física de tanto hablar y hablar y hablar, por gusto.

¿Qué sabes tú de la tristeza de esta pérdida (para él, para ti, para todos)? El otro espera una palabra, un gesto, o no espera nada, ni palabra ni gesto, sino silencio que no es apartamiento, que es acompañamiento de sí mismo contralas frases de ocasión, repetidas hasta la fatiga, de los otros, que no querría escuchar más, o, en su lugar, la conversación, breve, puntual, que omita la exageración, en el dolientey el que se con-duele,si es que eso fuera posible —con-dolerse, estar con y en el dolor del otro y, además, creíble... Estar presente sin que esa presencia se delate a sí misma como fuera de sí, para síen vez de para el otro

Mon, Jul 9, 7:59 AM

H: ¿Cómo pasaron la noche?
C: "Estable" dentro de un cuadro sumamente crítico. Un par de doctoras del turno de la noche como salidas de un filme de horror; a una de ellas no puedo dejar de pensar en denunciarla, demasiada la traza de asesina. No, no es una broma, y ¿cómo voy a estar para bromas yo en este momento?

¿Qué podría ser "cómico" en esta hora? ¿Es la alegría una risa incesante? Esa mueca más de dolor que de gozo. De dolor, porque se está incómodo incluso con uno mismo. Aquíno hay nada cómico. Pienso en los hospitales de campaña en que enfermeras y monjas por igual se entregan a aliviar el dolor de las heridas absurdas e innecesarias de las guerras. Pienso en los médicos que renuncian a la comodidad del consultorio en una barriada elegante y tranquila por la incomodidad y la inseguridad de lugares remotos, donde hombres y mujeres nunca han visto a un doctor. En las instituciones de cuidados de la salud del primer mundo sólo los premium insured peoplereciben un trato deferencial, porque "producen dinero", los otros tienen un acceso "democrático" a esos "cuidados de salud": a cada cual según su póliza de seguro.

Tue, Jul 10, 11:52 AM

H: ¿Cómo está la cosa?
C: Noche absolutamente tranquila... Duerme y abre los ojos si se le habla al oído... nos hemos asegurado de que cualquiera que sea el desenlace, lo vivamos en paz.
H: En cualquier cosa que pueda ayudar... Si necesitas que me quede para que puedas salir a asearte o lo que sea, me lo dices.
C: Gracias... Hasta ahora mi hermano y yo hemos sabidoturnarnos.

En esos momentos en que el dolor, la incomodidad de estar viviendo lo que sabemos,pero hacemos a un lado, lo que se ansía es la paz... Pienso en las monjas consagradas al cuidado de los enfermos, de los ancianos, de los que están en situación terminal—como si no estuviéramos todos en situación terminalesdesde el mismo comienzo—, pienso en ellas y pienso que lo que las sostiene es la paz que encuentran en estar cerca de la verdad. La paz que no es la ausencia de dolor, sino la asunción de la verdad, esa verdad, la que sabemos todos, sin angustia ni miedo: no la paz del mundo, sino la paz de la verdad. En la verdad.

Wed, Jul 11, 9:26 AM

C: ... Ha sido un día muy duro en todos los sentidos... No he parado de responder llamadas que, en realidad, en su mayoría, me ponen de mal humor.
H: ... Solo estaba preocupado
C: ... La mayoría llama o se interesa para quedar bien con su buena conciencia, y yo me debo ahora a mi madre... Aquí estamos luchando contra dos hidras: dos cánceres (el de mi madre, los de mi madre) y los del sistema.
H: Por momentos hubiera querido encontrar personas como tú, en lugar de otras que se abrazaban a la fe esperando un milagro: seguir aquí.

La religión instrumental, la fe como bálsamo... Lo único que Jesús enseñó a pedir fue pan, el pan nuestro de cada día... Lo demás fue alabanza y perdón, el Reino y la vida eterna, si es que esas cosas
pudieran alcanzarse por separado. Todos piden, pídele que te dará... salud, prosperidad, larga vida. Si es verdad que aman tanto a Dios, ¿por qué quieren vivir tanto? ¿Por qué no deseanver Su rostro? Lo que impide creer, lo que verdaderamente ha hecho increíblela fe no es el pecado de los creyentes, es la falacia de pedir otra cosa que no sea pan para todos —danos hoy nuestropan de cada día, a todos, a nosotros. ¿Quién puede creer si los guardianes (y garantes)de la fe no son testigos de nada, sino de la tradición secular de imponerles a los otros cargas que ellos no asumen? El Reino no es de este mundo.

Sat, Jul 14, 9:56 AM

C: Mi madre habla de nuevo, vuelve a ser ella, pero sigue medio desorientada o, a ratos, totalmente. Hasta me hizo reír ayer. Ahora mismo el enemigo principal es el hospital, con su exasperante ineficiencia y su crueldad. Te das cuenta de que el objetivo es hacer dinero, no salvar vidas.
H: Esa es, más o menos, la historia de los servicios de salud por acá. Espero que haya instituciones y personas que escapen a esa generalización.
C: Estamos en la fase más peligrosa: mejora relativa del paciente, que es cada vez más dejado de lado y hasta abandonado por el hospital, y fatiga física y mental de los familiares.

El cansancio tiene muchos detractores, entre ellos santos y doctores... A casi todos les parece que el cansancio es un síntoma que sanar, una evidencia de un desajuste físico o mental. Sacerdotes o psicólogos te recetan toneladas de prescripcionespara evitar que el cansancio, en su rancio y lento andar, te arrastre a la depresión, te ponen a rezar o te dan terapia. Estar cansadoresulta insostenible para los modernos —la acción, el combate, la prestancia, nada de postraciones. Aun así, pienso que el cansancio es naturaleza muertaen mi cuerpo, nuestro cuerpo, vivo... Está ahí, llega, es resultado de ser y de estar, no lo arrincono a fuerza de pastillas, o remedios, o terapia, o rezos, no me lo cargo a fuerza de convicciones y entusiasmos siempre pasajeros, quizás más reprobables que estar cansado, que no ser... Ni me asusta ni me alarma, convivo con él, pero no dejo que me arrincone. En este camino cuesta arriba, esta noche oscura, el cansancio me acompaña como aquel aguijón en la carne de san Pablo que lo hace fuerte en la debilidad. El cansancio, ¿no me hace débil? Entonces en él tengo mi fortaleza. 

Mon, Jul 16, 9:51 AM

H: Buenos días. Leyendo tu mensaje de anoche pienso en lo muy ocupado que estás. Pero esta es la hora de los hijos. Me parece bien. Nos ponemos de acuerdo para vernos el miércoles.
C: Esta es también la hora de la intransferibilidad. Y en la soledad de lo intransferible, algunos (los más), "desde fuera", no logran dar en el blanco, ni por exceso ni por defecto. Hasta hay quien cree que lo mejor es hacerse el tonto y seguirte hablando como si nada hubiese pasado. Otros se exceden, delatándose en su presunta solidaridad. [...] El día que me toque irme espero no haber perdido la razón y poder disponer de un fin lo más higiénico y expedito posible, lejos de toda compasión.

El díay la horason cosas del Padre, ni los ángeles del cielo lo saben, dice Jesús. Nos queda vivir, no con despreocupaciónestilo New Age, esa religión de la everlastingadolescence, sino con la libertad de ser, cada vez más, uno mismo, en y con nuestros misterios, secretos y dolores, nuestras lecturas y pasiones, los anhelos que nos constituyeron alguna vez y los que nos hacen ser, o desear ser, ahora.

Tue, Jul 17, 10:02 PM

H: Sin ánimo de que me respondas, por lo tarde que es. Salgo para Cuba el próximo 24. Un abrazo,
C: Nos veremos antes. Espero que entiendas mi situación. Desde las cinco de la tarde mi madre ha perdido la razón que es como perder la vida. [...]Perdóname, de veras, si sueno a algo de lo que no tengo ni idea ni voluntad, pero ahora mismo apenas hay espacio en mi para nada normal. Ni siquiera se trata del dolor de perder a mi madre (para eso nunca se está listo, pero se puede entender), para lo que no estoy ni estaré jamás preparado es para la muerte de la razón. Ya hablaremos.

Pensamos siempre que estamos preparados para eso que la teología llama los novísimos,pero en verdad para lo que malamente estamos preparados es para perorar sobre ellos, queriendo impresionar a los que nos oyen (casi nadie escucha) o nos leen (por arribita). No puedo pensar en perder la palabray pienso en por qué llamar novísimosa lo que no es nuevo, a las cosas que sucederán al hombre al final de su vida, la muerte, el juicio, el destino eterno... Por lo menos la muerte nos es común, como dato y certeza —la ajena por lo menos, la propia se nos antoja desfigurada en un tiempo que avanza y retrocede. Frente a este novísimo, ¿qué es la razón? ¿Articulación según la define la academia, real y española, como "pronunciación clara y distinta de las ideas"? Muy cartesiano. Creer es duda aplazada, creer en algo o alguien, aplazar la duda; los que no creen se llenan de la certeza de que estoes cuestión de ahora,de ahí la desfachatez de lo banal, el artificio de lo intelectual, el cinismo comprado en los supermercados, bisutería de los profundos, arropa, viste, la desnudez nuestra, esa con la que vinimos y, como huella de cultura, la visten parairnos. Prefiero la duda, y cuando losmonstruos de la razónestén muy cerca, cuando esas causas y estos otrosazares estén rodando la cabeza, el corazón y las tripas, entonces afirmar un credo que repitas todos los días, no como mantra, no, sino como jaculatoria

Wed, Jul 18, 6:26 AM

C: Buenos días. Mi madre no es visitable. Había "mejorado" algo, pero se ha vuelto a derrumbar. Tendré un breve receso entre 7:30 y 9 de la mañana. Lo mejor es vernos a las 8:30 en el lobby del hospital para un muy rápido café.

7:31 AM

H: Acabo de ver tu mensaje. Salgo para allá.

El interregno. El momento en que el estarcobra una dimensión desconocida, sobrecogedora, que avistamos alguna vez pero que dejamos a un lado, como ese libro que no queremos seguir leyendo, que sabemos que nos va a desgarrar, o como ese otro que no queremos acabar y nos demoramos en sus páginas. El momento de cruzar el río, de asirnos a la barca que nos devuelve a la soledad, es el momento en que nos vemos repetidos en consecutivas aguadas de la mano de mamá o de papá, con suerte de los dos, de la mano del primer amor —o del segundo, para algunos el tercero, para otros ninguno—, y de esos que un día rieron tomándose un café o fumándose un cigarro a nuestro lado, cuando parecía que el río y la barca y el silencio no eran otra cosa más que pretextos para parecer inteligentes, interesantes. La pascua... pasar hacia el otro lado, con suerte, reconciliados con todos esos que fuimos dejando de ser durante el camino

Thu, Jul 19, 8:18 AM

C: Buenos días. Lo peor para mí, todavía está por delante, cuando ya no queda nada que hacer por mi madre, salvo seguirla esperando mientras me acompaña. Por ahora tengo que ocuparme de estas gestiones macabras de disponer de sus restos y organizar alguna ceremonia de hasta luego.

...

Monday, June 04, 2018

Sobre Philip Roth

"... [T]he longest-serving member in the literature department of the American Academy of Arts and Letters..." is dead. De esa manera, Charles McGrath —el mismo que escribió el obituario de Philip Roth para The New York Times el pasado 23 de mayo— comenzó la que tal vez sea la última entrevista concedida por Roth, publicada en ese mismo diario este último enero. Roth accedió a concederla a condición de que le hicieran llegar las preguntas para responderlas sosegadamente, porque "He needed to take some time (...) and think about what he wanted to say." Ocho preguntas sobre la vejez, la muerte probable, su obra y, en palabras del entrevistador, sobre "this strange period we are living in now." Pensé en aprovechar algunas de las consideraciones que hiciera en esa entrevista el autor de The Dying Animal sobre this strange period para fabricar —la escritura como fabricación, el escritor como faberforjador de piezas de escritura en la fragua que es la mesa de trabajo y los útiles para escribir— otro texto para mis "Políticas", otra fabricación para ajustarle cuentas al indecente inquilino de la mansión imperial, pero entre el deseo y la ejecución, se acabó la "suerte" (Roth, en la última oración de la respuesta a la primera pregunta sobre la vejez, la muerte probable: "We will see how long my luck holds out."), terminó el juego, for him everything is gone, for us, still hanging in there, remains the possibility of going back to him, the remembrance of him,  through the reading of his works. Ido, no queda sino pensarlo en sus propias palabras (Roth a la pregunta sobre cómo recordaba su vida de escritor: "The day-by-day repertoire of oscillating dualities that any talent withstands — and tremendous solitude, too. And the silence: 50 years in a room silent as the bottom of a pool, eking out, when all went well, my minimum daily allowance of usable prose.”), en la inmensa soledad y el silencio de lal habitación, en la imagen del obrero en su fragua, mirando el fuego consumir, transformar la naturaleza de las palabras que dejan de ser fragmentos, partículas, para fundirse en escritura, en aspiración a la totalidad. Queda algún aliento para leer lo que escribió sobre esta calamidad política en la que estamos viviendo, sobre—"President Trump", dice Roth con corrección, yo sigo con mi canalla sin poesía, creo que correctamente—, el inquilino indecente, cuando responde a la pregunta sobre un posible paralelo entre la situación imaginada de 1940, cuando Charles Lindbergh, el aviador temerario, el antisemita confeso, el supremacista orgulloso, se hace con la presidencia del país y la situación real de 2016, cuando ese, y que lo diga ahora Roth, con sus palabras, no las mías, las suyas, tan pensadas como certeras, con esa economía de las palabras  y de las emociones, "...massive fraud, the evil sum of his deficiencies, devoid of everything but the hollow ideology of a megalomaniac" ocupa la casa que Lindbergh no habitó. La suerte que lo abandonó, que nos abandonará, ahora nos acompaña en las palabras dichas y filmadas, en la sobriedad y la geometría de la obra, y seguirá acompañando a quienes vengan detrás de nosotros, cuando ya nos haya abandonado también a nosotros.


Primeros fotogramas del documental "Philip Roth Unmasked" (2013), producción francesa de Cinétévé. Aparece el rostro de Roth en primer plano, que dice, balada de Mahler de fondo, "Well, in the coming years, I have two great calamities to face: death and a biography. Let's hope the first comes first." And so it was.


La escritura de Roth se le parece—¿qué obra no se parece a su autor o, al menos, lo esboza? Se parece en su adustez aderezada con bastante de fina lujuria y mucho más de humor, en su crítica del entorno, las circunstancias, en su obscuridad traspasada por los claros del lenguaje (I am afraid to open my mouth for fear that if I do no words will come out—or the wrong words, valga esa sentencia tomada de "Portnoy's Complaint" para iluminar esa ambigua obscuridad), en su profetismo laico (Lindbergh de presidente durante la segunda guerra mundial, en colusión con los alemanes—cualquier parecido a Trump de presidente perseguido por la trama rusa durante esta sorda, tácita tercera guerra mundial es manifiesta coincidencia mía, que no del autor); la escritura de Roth se parece a Roth en la adecuación entre lo que dice y la manera en que lo dice.


[Philip Roth died a public death before this ultimate and irrevocable disappearance when he announced his decision not only to stop writing fiction —a literary death—, but also to stop engaging in public readings back in 2010. I learnt of the news on The New York Times while I was drinking my morning smoothie and getting ready for work, and I heard again of this last death of him also while in the classroom through a text message from a friend: "Acaba de morir Philip Roth," that succinct. I thought on his legacy to literature, his contribution to the American (et al) letters, and on the thousands of readers who will miss his stoic presence amid the nowadays rather pathetic circumstances of this world. I thought on the poetic injustice that was never granting him the Nobel as it happened to Borges as well —even though by now nobody would dispute that greatness not always is acknowledged by awards and prizes, I’d be tempted to say almost never. And then I remembered that icy Sunday morning here in this same room. I was reading an interview with Philip Roth, and he said that if he had renamed “Portnoy’s Complaint” as “The Orgasm Under Rapacious Capitalism”, the Academy would have seriously considered giving him the elusive prize. He has left us on the same year the "academy" decided, out of its own sins, to give the prize to no one—and there is a certain kind of poetic justice there, isn't it? It made me smile, and the possible new title for his remarkable psychoanalytic (written) session reminded me of the Kundera who comes with all those ironic sentences in the middle of a paragraph on love, or death, or exile… because there is something Kunderesque in that (re)title of Roth's novel… And it is a shame, a shame and a sort of literary pain, not to have such a writer again en el ruedo, as a brave bullfighter, a writer with no patience for political correctness and concerned with individuals in a more and more collective —for the sake of the gregarious sense of the human beings, I'd abstain myself from using "collectivistic"—, instead of this exhibitionist and voyeuristic society, and a writer whose writing is like a glimpse into the American soul.  One of the dreams —those dreams that we hold when we are young and inexperienced and time seems to be there forever—, one of the dreams I once had, was to become a professor, to teach literature, to be a college literature professor, so I could have time for the pleasure of reading and the pleasure of talking about books, and culture, and politics too, of course. Reading Roth by the time my college professor dreams had come unrealized, and I ended becoming a high-school teacher instead, helped me come to terms with such (un)realization. That is one of Roth's literary effects—it sets you down to earth, it takes all the prefabricated trinkets around human existence and makes it face the nudeness, the aleatory insignificance of all our efforts for changing what is, by nature, unchangeable.]



Blake Bailey, biógrafo de Roth, conversa con The Times of Israel. Conversación que es un recuento no sólo de Philip Roth, el autor, sino de la persona que a comienzos de este mayo que acaba de terminar se sintió mal, sintió esa arritmia que presagia que en cualquier momento dejará de latir ese músculo con venas y arterias que se agrieta con cada día, con cada pena y con cada gloria, y llamó, entonces, a los servicios de emergencia de la ciudad y fue llevado al Presbyterian Hospital y, según el biógrafo, para fines de mes los riñones comenzaron a fallar y, a pedido propio, decisión tomada por el propio Roth, lo pasan a la sala de cuidados paliativos, es decir, donde habrán de dejar de someterlo a procedimientos agresivos, es decir, que Roth ha decidido morir... It is exactly what his biographer said: "That’s when he decided that he didn’t want to fight it anymore."


Entre "Portnoy's Complaint" y "La conciencia de Zeno", entre Philip Milton Roth y Aron Ettore Schmitz, conocido también, o más, diría yo, como  Italo Svevo, judíos instalados, cada uno a su manera, en su propia modernidad, cada uno creando posibles alter egos que los trascienden a ellos mismos —quizás a pesar de ellos mismos—, y se vuelven alter egos también del lector, lectores, que no busca, buscan, pasarla bien un rato leyendo, para quien, quienes, la lectura es tan natural como eyacular después de un rato, pasándola bien, a solas o acompañado. Alexander Portnoy y su adicción a "deseos sexuales extremos, en ocasiones, perversos". Zeno Cosini, "fumador empedernido que decide someterse al psicoanálisis con el objetivo de intentar descubrir la causa de su adicción al tabaco." En ambos personajes, la compulsión, y en ambos autores, el recurso al psicoanálisis. Portnoy es más descarnado en sus afectos, y en la narración de estos su lenguaje se mueve entre lo ordinario y lo obsceno, aunque en el tono general de la confesión se nota la mano diestra —Roth era zurdo— de un autor que no se apura, que dice lo que dice con plena conciencia de ello y de cómo se debe escribir, que se toma el oficio tan en serio que el humor es apenas distinguible de la inteligencia, que es ambiguo como todo lo que apunta a permanecer —la rotundidad se hunde en su propio peso. Portnoy recuerda a un contemporáneo suyo, o al menos me lo recuerda a mí, Ignatius Reilly, un tipo de New Orleans obsesionado con el buen gusto y la decencia, la teología y la geometría, y para quien la ausencia de estas últimas dejaba dudas "sobre el alma misma del sujeto". En Ignatius convive ese "complejo" o "lamento" que abrasa a Portnoy, esa convivencia, en el mismo espacio del cuerpo, entre lo obsceno y lo altruista. Ignatius puede que sea el puente entre Alexander y Zeno, incluso cronológicamente lo es; puede ser el puente porque Ignatius es un ser cautivador —rasgo que comparte con Zeno—, al menos en la simpatía y la compasión que despierta la inocencia, la simpleza con que se mira a si mismo y mira ese mundo que lo asfixia pero que al mismo tiempo lo atrae. Zeno, fumador y adúltero, se distancia de Ignatius allí donde se encuentra con Alexander, en el mundo que también lo atrae pero que no lo asfixia: Zeno se acomoda y Alexander se rebela, cada uno con su siglo. Tal vez Roth haya pensado en esas asociaciones. Se me ocurre que a esos tres personajes los cercan los mismos azahares que causan ser uno mismo sin permiso del otro, uno insoluto, sin tentaciones ni colectivistas ni entusiastas.


Los cadáveres, esas piezas desalmadas que apenas tienen que ver con la persona que los habitó —hay que haber visto un cadáver y haber sentido esa extrañeza—, también reposan. Los restos inanimados de Roth encontraron sepultura en el cementerio del Bard College. Cuentan las agencias —que se las agencian para contar cosas, muchas veces para solaz del lector ordinario, ese que lee en el tren o en el ómnibus, ese lector que, a veces, somos todos, en detrimento de la verdad, o de parte de la verdad— que Roth le preguntó a Norman Manea, novelista rumano exiliado en Nueva York y vecino suyo, dónde pensaba ser enterrado. Manea le dijo que en el cementerio del Bard College, donde enseña. Entonces Roth le pidió al presidente del Bard College, Leon Botstein, ser inhumado en el camposanto de esa institución. Botstein quiso saber por qué. "¿No estará Manea enterrado ahí? ¿Y usted?", respondió Roth. "Quiero estar al lado de gente interesante para conversar." Otras versiones intercalan "judío" entre "gente" e "interesante". Desde el domingo (mayo veintesiete) el cuerpo de Roth está allí, nueve millas al sur de Annadale, a dos horas en auto de la ciudad de Nueva York, y lo que deja, sus novelas y ensayos, en bibliotecas y librerías, privadas y públicas, para estar con personas de otro tiempo, en traducciones para estar con otros, de otros espacios.



En mis viajes a Nueva York recuerdo haber visitado un cementerio de una iglesia muy pequeña cerca de Wall Street, una de las primeras iglesias de la ciudad, episcopal, que debió ser originalmente anglicana. Creo recordar que era una iglesia de breves dimensiones con un pequeño cementerio al fondo. Casi siempre visité el lugar en la mañana. Afuera, el ruido del mundo, dentro, el silencio del otro.

*Publicado originalmente en Patrias. Actos y Letras.