A propósito de un conato de censura

[Sé que muchos van a reventar con este inicio; a algunos se les recomerá el hígado y a otros, otras partes de esta frágil anatomía que el Señor nos ha regalado, quién sabe si como penitencia o consuelo.]

El diez de mayo pasado, la Mesa Redonda de la televisión cubana se dedicó a discutir sobre el transplante coclear en Cuba. ¿Qué es esto? Un programa médico que afecta a pacientes, niños fundamentalmente, con padecimiento de sordoceguera o sordera severa a los que se le colocan por cirugía un dispositivo interno que se conecta con una especie de microcomputadora externa que permite captar el sonido del medio ambiente y traducirlo en impulsos electrónicos sobre el nervio auditivo. Cincuenta y tres niños cubanos se han beneficiado de esta cirugía, niños que después necesitan de un período de rehabilitación que puede durar años y en el cual intervienen especialistas de diversas disciplinas. Lo más novedoso e interesante es el sistema diseñado para identificar el paciente, hacerle las pruebas médicas correspondiente para determinar la aptitud del mismo para ser sometido a la operación y el tratamiento postoperatorio. Novedoso porque pocos países del área llamada “Tercer Mundo” disponen de una red de servicios médicos y sociales que permitan este tipo de monitoreo e interesante porque revela la voluntad política del gobierno y el estado cubano de destinar los recursos necesarios para implementar el programa.

[El estado cubano es el único que durante un período de crisis económica (tan grave como la que asoló el país después de la desintegración de la Unión Soviética y el campo socialista, principales socios comerciales de la isla) aumentó el gasto social. Según un informe de la organización no lucrativa, Oxfam America, “Durante la década de 1990, la proporción del producto interno bruto cubano destinado a programas sociales se incrementó en un 34%”[i]. Si ponemos en contexto estas políticas gubernamentales en tiempos de crisis resultan inéditas. La tendencia “natural” de los organismos financieros internacionales es aconsejar a los gobiernos privatizar y reducir los servicios sociales. “Hay indicadores significativos que apuntan a que los dirigentes cubanos no tratarán de lograr la eficiencia mediante la reducción de los servicios o su privatización”[ii], escribe el citado informe sobre de Oxfam America. Los que se ocupan de observar, comentar, escribir sobre los procesos sociales saben que hay una relación directa entre las políticas gubernamentales de servicios y el incremento o no de los mismos. Si los gobiernos recortan los presupuestos destinados a servicios sociales para paliar las crisis o estimular las economías, estos, lógicamente, se resienten. Lo tenemos aquí mismo: los compasivos, desde que llegaron al poder, es recorta y recorta más: los impuestos a la ganancia de capital (los más ricos) y los fondos a los programas de asistencia social (destinados a los más pobres). Vamos a una última cita de este informe: “Cuba ha elegido el camino más duro: la transformación del marco general y de la distribución de los servicios”[iii]. Cambiar un modelo y una manera de distribuir los servicios sociales que no funcionan a la misma vez que no se sucumbe a las exigencias de una economía cada vez más insegura, más basada en medir la eficacia a partir del consumo, menos justa.]

Días atrás, una infantil controversia entre avezados políticos locales, radicales comentaristas radiales y de la prensa plana y escrupulosos padres sobre un libro para niños (cuyo título es sí mismo casi una violación de las regulaciones de viajes de cubanos y cubano-americanos asentados en los Estados Unidos a Cuba, Vamos a Cuba) hizo a k interesarse sobre la situación de la niñez y visitó la página oficial de la UNICEF[iv] para conocer algunos datos sobre este delicado asunto a nivel mundial. Sólo reproduciré un dato de especial y sensible importancia entre la población: en mortalidad infantil, Cuba ocupa el lugar 159 de un total de 192 países listados, el único detalle que puede mortificar al democrático lector de Miami es que esta lista está organizada en orden descendente, por lo tanto Cuba ocupa el lugar treinta y tres en esa lista. Pero, eso, eso está manipulado por la inteligencia castrista. Allí, allí le quitan la leche a los niños a los siete años, después que se… mueran. Vamos a ver, ¿existe algún estado que garantice a toda la población infantil un litro de leche desde el momento de su nacimiento hasta los siete años de edad? Eso sucede allí (y todo el mundo sabe que cuando los cubanos de Miami dicen allí se refieren a Cuba).

Estoy de acuerdo: ese libro no refleja la realidad de Cuba, debe ser retirado de las bibliotecas de las escuelas públicas y en su lugar poner otro que refleje, sin complejos, los beneficios, los derechos, la seguridad social que tienen los niños cubanos. Hay niños con problemas, niños enfermos, niños que sufren las consecuencias de arbitrariedades, niños que no son amados, protegidos, celebrados por sus padres. El socialismo cubano no es la supresión de la debilidad, del dolor, de la enfermedad y de la muerte, es el intento de crear una sociedad en la que las estructuras sociales no potencien “el lado oscuro”, irracional del ser humano, sino que sea efectivo en la creación de una sociedad solidaria. Y sólo se puede ser solidario en una sociedad en que la ganancia y el interés privado no sea el criterio de valor supremo. Por eso, insisto en que ese libro (Vamos a Cuba) debe ser retirado de las bibliotecas de las escuelas públicas; en su lugar, se debe colocar otro que diga en un lenguaje claro y distinto, cómo viven los niños cubanos, en qué tipo de sistema social viven y cuáles son las diferencias con el sistema en el que viven nuestros hijos.

[La redención, la liberación, son temas que han obsesionado siempre a la humanidad. El marxismo habla de la emancipación del trabajo enajenado, de la liberación del trabajo de la tiranía del capital. No es la apropiación individual de la ganancia, sino la distribución equitativa de la misma lo que debe signar a la nueva sociedad que debe reemplazar a este capitalismo sin salida que crea las contradicciones más aberrantes: es capaz de crear la mayor cantidad de riquezas nunca soñada mientras poblaciones enteras son diezmadas por el hambre y la falta de atención médica básica; ante el avance descomunal tecnológico se deben mejorar las condiciones de trabajo pero el número de desempleado crece, las condiciones de vida se deterioran. Todo esto es el resultado lógico de un sistema de producción y distribución que tiene como condición sine qua non la rentabilidad de las empresas en términos del interés privado y la ganancia.]

Entre los cubanos hay ciertos moderados, reformistas, que quieren un capitalismo renovado (a reborn capitalism, dirían los neoconservadores, compasivos ellos), en el que ciertos valores sociales se respetasen, ciertos derechos; en el que el individuo no se imponga como el bien supremo, como la medida última. Estos moderados, reformistas, que afinan su puntería ideológica desde las azoteas de las iglesias o desde cualquier ideología de beneficencia, descuidan un detalle casi insignificante: el maquillaje no altera sustancialmente el rostro, oculta, disimula, hace parecer que, pero la sustancia es la misma. Las verrugas siempre están ahí.




[i] Cuba, La Política Social en la Encrucijada: Manteniendo las Prioridades, Transformando la Práctica. En: http://www.oxfamamerica.org/pdfs/cuba-politica_social.pdf
[ii] Idem
[iii] Idem
[iv] Organización de las Naciones Unidas dedicada a los niños. www.unicef.org.

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