Wednesday, January 28, 2015

El resto fiel*

     Los años setenta del pasado siglo representaron para la iglesia católica en Cuba el período en el que más deprimido estuvieron su perfil e influencia social. Los años sesenta fueron la confrontación más o menos abierta y la secreta esperanza de la inminente caída del régimen. También en los setenta algunos hablaron de la iglesia del silencio –frase que por demás siempre me ha parecido deliciosa, nada más elocuente que el silencio en el que tantas cosas se escuchan y se dicen. El primer lustro de los años ochenta marcó el comienzo del renacer de la iglesia católica en la isla. La realidad se impuso a la ideología y la iglesia comenzó su propio y local proceso de aggiornamento, como los vaticanistas se refieren al Concilio Vaticano II (1963-1965). Una nueva generación de católicos nacidos después de 1959 y otros muy jóvenes en esa fecha comenzaron a constituir el nuevo laicado, y tanto la jerarquía como el clero concientizaron que debían operar en una realidad con unos cánones muy particulares. En los años noventa parece que hay un retroceso  en el lento y suspicaz proceso de normalizar las relaciones entre la iglesia católica y el gobierno revolucionario cuando en 1993 el episcopado cubano lanza la carta pastoral “El amor todo lo espera”, que fue saludada por la prensa libre como un regaño al gobierno cubano que entraba en la peor crisis económica y social de su corta historia como efecto de la desaparición de la Unión Soviética y el colapso del mundo comunista; incluso viejos resabios comunistas salieron al aire: algunos periodistas se refirieron a la carta pastoral como un puñal clavado por la espalda al pueblo revolucionario … por su carácter francamente contrarrevolucionario, oportunista y diversionista (sic). La carta en sí misma no es contestataria pero dada las particulares circunstancias del país y el entorno internacional, se hicieron diferentes lecturas desde diferentes ángulos e intereses políticos. Las relaciones iglesia-estado en Cuba tuvieron matices diferentes en las últimas cuatro décadas del anterior siglo. Cada década tuvo su propio acento y éste estaba determinado por las circunstancias políticas internas e internacionales; así de la confrontación (60s) al recogimiento forzado (70s), de aquí al reajuste y renacimiento (80s) para finalizar con la aparente contracción de los noventa. Las periodizaciones siempre resultan simplistas pero ayudan a tener una perspectiva disciplinada de un proceso tan complejo como cambiante.
     Como decía Martí, «En política, lo único verdadero, es lo que no se ve». La visita del Papa Juan Pablo II y su preparación significó un giro decisivo y duradero en las relaciones iglesia-estado en Cuba. La visita papal de 1998 fue un reconocimiento  1) a la paciencia y pertinencia de la iglesia, 2) a la seriedad del proyecto revolucionario cubano. Aun cuando el Papa Juan Pablo II siempre fue un hombre modelado en el fragor de la guerra fría, un polaco con ninguna simpatía por gobiernos o regímenes de izquierda o populistas, supo ver en el proceso político cubano la legitimidad y credibilidad necesaria como para empezar un tipo de relación en el que los intereses de ambas instituciones, iglesia y estado, fueran garantizados. La visita papal selló un acuerdo no explícito de colaboración para el desbloqueo interno y externo de una situación insostenible, por parasitaria, para todos los actores interesados en ella. El reclamo papal de que Cuba se abriera al mundo y el mundo a Cuba no cayó en oídos sordos, ni ojos ciegos. Tanto las autoridades políticas del país como las eclesiásticas tomaron nota de las posibilidades que se abrirían si ese principio se tomara como la piedra angular sobre la cual diseñar y montar una política que abatiera el empantanamiento de la sociedad cubana con respecto a sí misma y del estado cubano en su relación siempre difícil y compleja con los Estados Unidos –el mundo en el principio papal eran los Estados Unidos, porque el mundo real, ese que existe más allá de las fronteras norteamericanas, con las excepciones de siempre, siempre tuvo una relación, cuando menos, respetuosa con Cuba y Cuba, una relación respetuosa también, solidaria cuando la ocasión lo exigía, con el mundo más allá de los Estados Unidos. De cualquier manera, la visita papal de 1998 y la relación personal entre los líderes de ambos estados, estableció las bases para un nuevo tipo de relación ad intra de la nación cubana entre instituciones serias y suficientes, y de cara a la re-inserción de Cuba en el concierto de estados de las Américas.
     La situación creada a partir del comienzo del proceso de cambios sociales en Venezuela en 1999, rápidamente demonizado por el gobierno y la prensa norteamericana,  y los ataques al World Trade Center en Nueva York en 2001 provocaron un impasse al deshielo que significó la visita de Juan Pablo II a Cuba. Pero el hecho más significativo, el evento que descarriló el proceso de regularización de las relaciones iglesia-estado en Cuba y de re-inserción del estado cubano en el mundo post-comunista fue la cuestionable elección de George W. Bush como el 43 presidente de la Unión Americana. Representando los intereses más reaccionarios y anti-democráticos de la sociedad norteamericana, el presidente Bush se embarcó en una agresiva política exterior, amparado en los eventos de septiembre de 2001 en Nueva York, que incluyó a Cuba. El gobierno cubano sintiéndose seriamente amenazado respondió con la encarcelación de setenta y cinco personas en la primavera del 2003, poco tiempo después que los Estados Unidos comenzaron la invasión de Irak. La iglesia católica cubana quedó, pues, de nuevo, a la espera de tiempos y circunstancias mejores para continuar con su papel de propiciadora de los cambios que la sociedad y el estado cubano necesitaban para sobrepasar la crisis social y económica resultante de la caída del mundo comunista.
     En el 2010, el cardenal Jaime Ortega comenzó a mediar para que el gobierno cubano liberara a un poco más de cincuenta prisioneros políticos que todavía quedaban en prisión de los originales setenta y cinco  encarcelados en la primavera del 2003. Muchos de esos prisioneros decidieron trasladarse a España y unos pocos decidieron permanecer en la isla. La iglesia católica emergió, nacional e internacionalmente, favorecida con esa actuación mediadora, y se le otorgó un crédito político de parte de todos los implicados en el conflicto cubano que vino a ser ratificado por la visita del Benedicto XVI a Cuba en la primavera del 2012.
     Los años transcurridos desde el comienzo de la invasión en Irak (2003) hasta la visita papal de Benedicto XVI (2012) fueron testigos también de cambios profundos en la sociedad cubana. Fidel Castro, el líder histórico de la revolución cubana, renunció a todas sus posiciones en el gobierno y en el estado, así como a sus grados de comandante en jefe del ejército cubano. Le sucedió, primero interinamente, y después de forma oficial, al frente del gobierno, el estado y el único partido político de la isla, Raúl Castro. La administración Raúl Castro se percibió, y de hecho, se proyectó como más pragmática, menos ideológica, pero con un apego leal al proyecto revolucionario. Es decir, no se podía esperar la implosión provocada por los apparatchik soviéticos que sucedieron a la generación histórica bolchevique. Cada medida que tomaba el gobierno cubano en el camino de la actualización del modelo cubano aislaba más a los Estados Unidos y dejaban a los Estados Unidos con menos espacio político para maniobrar, mientras que todos los gobiernos latinoamericanos, sin excepción, abogaban por la re-inserción de Cuba en las organizaciones regionales. Entre los cambios producidos en Cuba que pusieron en guardia al gobierno norteamericano por sus implicaciones prácticas, la nueva política migratoria cubana fue determinante. Esta reforma en las leyes migratorias cubanas terminó por evidenciar lo obsoleto de las prácticas y las medidas migratorias de los Estados Unidos con respecto a Cuba y los cubanos. Las cartas que ambos gobiernos, el cubano y el norteamericano, le quedaban para tener una salida sin sobresaltos para ninguna de las partes se redujeron a unos agentes cubanos de inteligencia encarcelados en los Estados Unidos desde 1998 y sometidos a penas de prisiones exageradas e injustas, y un contratista norteamericano acusado de espionaje en Cuba.
     La elección de Francisco I al frente de la iglesia católica representó un cambió en más de un sentido. No sólo es el primer papa no europeo, sino el primer papa latinoamericano. Este hecho abrió las puertas a un entendimiento más directo de la situación cubana por parte de la más alta jerarquía vaticana. A poco de ser elegido papa, Francisco I nombra al Cardenal Jaime Ortega como su enviado especial a la celebración del 350 aniversario de la fundación de la parroquia de Notre Dame-de-Québec, en Canadá, la ''iglesia-madre de América del Norte''. ¿Coincidencias? En política, lo que no está previsto, se incluye. El Vaticano y Canadá jugaron diferentes roles en este proceso de negociaciones secretas que comenzó en algún momento del 2014 y culminó el 17 de diciembre de 2015 con el anunció del intercambio de prisioneros, la liberación del contratista preso en Cuba y la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. No hay confirmación pero parece ser que en algún momento después de comenzadas o antes de comenzar estas negociaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, la iglesia fue percibida y acogida como garante de buena voluntad. Fue en el Vaticano donde las delegaciones de Cuba y Estados Unidos sellaron el acuerdo sobre el intercambio de presos y los primeros pasos hacia la normalización de relaciones entre los dos países.
     La iglesia del silencio nunca lo rompió y gracias a la tenacidad y perseverancia de su liderazgo, a la entrega y la honestidad de muchos de sus operarios, pudo alcanzar los frutos de la paz que es la normalización de las relaciones entre dos países enemistados violentamente por más de cincuenta años y que, sin embargo, tienen tanto en común, en el pasado y en el presente. La familia y el pueblo cubano y los cubanos que viven en los Estados Unidos son los principales beneficiarios de este histórico evento. La iglesia local en Cuba y el Vaticano se congratulan por haber servido en este proceso desde lo más genuino de su vocación, el servicio a la paz y la justicia, que se besan, según canta el salmo 85, salmo que cierra la Carta pastoral de los Obispos de Cuba en 1993, cuando el futuro de Cuba estuvo más comprometido que nunca.


*publicado originalmante en www.cafeporcuba.com


Tuesday, January 20, 2015

apuntes

Desde el pasado 17 de diciembre, cuando los presidentes Raúl Castro, de Cuba, y Barak Obama, de los Estados Unidos, en sendas intervenciones, decidieron la reanudación de las relaciones diplomáticas, el intercambio de prisioneros, y la liberación de un norteamericano preso en Cuba por razones humanitarias, me dedique a escribir impresiones que motivaron conversaciones, lecturas, programas de radio y de televisión, etc. No tienen orden alguno como no sea el cronológico –la última de las plecas es la primera, así como la primera fue la última que escribiera. Quedan muchas cosas fuera, muchas observaciones, muchos matices de un proceso que apenas comienza y que será largo y complejo… Así como avance ese proceso iré añadiendo algunos comentarios que piense sean pertinentes. Recuerdo a Moreno Fraginals en 1989 durante un encuentro entre él, como conferencista, y un nutrido grupo de cubanos exiliados que habían regresado a Cuba como parte de una delegación eclesial. Uno de los cubanos exiliados le preguntó a Moreno Fraginals por qué había decidido quedarse en Cuba y no salir al exilio, pregunta a la que Moreno Fraginals respondió que una revolución era un evento excepcional en la historia que no todos los historiadores tenían la oportunidad de asistir. Este es otro de esos momentos históricos excepcionales. Más allá de simpatías o antipatías, estamos asistiendo a un momento excepcional, en el que una manera de vivir y relacionarse ha llegado a su fin y con su fin, el comienzo de un nuevo momento histórico. Algunas personas han dicho, y con razón, que éste es el fin real de la “guerra fría” –el siglo XX acabó con la caída del comunismo pero ese desplome no significó que los Estados Unidos, la potencia victoriosa, cambiaran su política hacia Cuba, “el satélite de la Unión Soviética”. Por el contrario, las políticas hacia la isla se endurecieron, se hicieron más agresivas. Este final, después de más de veinte años de desaparecida la Unión Soviética, cierra definitivamente esa guerra que no fue tan fría, y la cierra de un modo elegante en el que parecen no haber triunfadores evidentes, ni hubo caídas espectaculares. Lo que sí parece evidente y claro es que el gobierno cubano no cumplió ni uno solo de los requerimientos que la Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act de1996, popularmente la Ley Helms-Burton,  para que los Estados Unidos restablecieran relaciones diplomáticas con Cuba.
Si se le con paciencia la declaración del Presidente Obama el pasado 17 de diciembre, la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba no ha variado. El objetivo de change regime sigue vigente. El gobierno norteamericano no ha renunciado a su compromiso de traer a Cuba de vuelta a una sociedad de corte liberal que renuncie a las pretensiones de alcanzar la justicia y la felicidad  por los caminos del socialismo. En otras palabras, el principio de ley internacional que garantiza la auto-determinación de los pueblos y las naciones no han sido aún acogido como marco de referencia para las relaciones cubano-norteamericanas.
Tanto tiempo fuera de Cuba… No tengo conocimiento de primera mano del diario de la gente común, y de la gente  menos común –leo el Granma y converso con recién llegados, dos fuentes de información cuestionables por su parcialidad… Dato: la gente parecía contenta el pasado diecisiete de diciembre cuando Obama y Raúl anunciaron como un “fin de hostilidades”. Aun cuando es el comienzo de un largo proceso, la gente está contenta. Ese peso invisible en el que nacieron varias generaciones, ese invisible pero omnipresente enemigo, esa sombra cuya única mención podía significar tu anulación social, desaparecía como por un acto de prestidigitación… Décadas de mutuas descalificaciones superadas por la realidad de un día y una hora
Es más claro que el agua que la coalición de fuerzas políticas y económicas en los EE.UU. que están presionando por normalizar totalmente las relaciones con Cuba están decididas a ir hasta el final. Treinta corporaciones agrícolas piden el levantamiento de todas las regulaciones y legislaciones que impiden relaciones comerciales plenas con Cuba. Los directivos y socios de esas corporaciones son republicanos conservadores en su mayoría.
Artículos y más artículos, y todos apuntan a que las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos van a re-establecerse más rápidamente de lo previsto. Hoy un artículo en el Sun Sentinel de la vecina Fort Lauderdale, Plundering America: The Cuban Criminal Pipeline. La tesis fundamental del artículo de marras descansa sobre la incapacidad de las autoridades norteamericanas de controlar la entrada y salida de cubanos desde y hacia Cuba y la incapacidad del sistema judicial norteamericano de procesar actividades criminales cometidas por cubanos en territorio del país contra agencias federales de salud, actividades financieras ilegales y narcotráfico. El artículo es injusto porque crea la falsa imagen que las actividades criminales de los cubanos comenzaron veinte años atrás, a principios de la década de los noventas. Son hechos probados que la participación de cubanos en actividades criminales en territorio norteamericano es de vieja data. ¿No aceptaron las autoridades norteamericanas a un número de individuos vinculado con prácticas criminales en Cuba en 1959 y los primeros sesenta? Recuerdo a un político cubanoamericano, Senador Al Gutman convicto de fraude al Medicare en el año 2000… Algunos cubanos que en la década de los sesenta estaban vinculados a operaciones de infiltración y exfiltración de la CIA  en Cuba y eran expertos en vías marítimas en el Caribe se dedicaron al tráfico de drogas en los setentas una vez quedaron “desempleados”. La historia de la criminalidad y el “exilio” no es un tópico nuevo. Aun así, cierto es que las actividades criminales de cubanos en los EE.UU. tienen una cobertura especial dada las facilidades migratorias de los últimos cincuenta años que ha sido exageradamente usada en los últimos tiempos.
Muchos amigos cubanos con los que he compartido y conversado sobre la nueva situación de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos están de acuerdo que este paso de ambos gobiernos en torno a normalizar las relaciones diplomáticas es positivo; pero esos mismos amigos ven con suspicacia y con rencor infinito al gobierno cubano, como si el gobierno cubano hubiera sido el agresor en este conflicto, como si hubiera que creer, a pie juntillas, en la buena voluntad del gobierno norteamericano.
Definitivamente, vivimos un capítulo nuevo en las tormentosas relaciones entre Cuba y los EE.UU. -relaciones diplomáticas, políticas, comerciales, culturales, sociales que han abarcado desde el encuentro más apasionado hasta el desencuentro igual de apasionado.
Replantear la posición de liderazgo de los Estados Unidos a nivel mundial y regional fue una consideración que se tuvo en cuanta cuando se iniciaron las negociaciones el año pasado. La inutilidad y contradicción de la política
La condición de afro-americano del presidente norteamericano allanó el camino para un anuncio tan inesperado como el de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba –un presidente blanco hubiera tenido más condicionamientos históricos para tomas esa decisión. Una mujer presidente hubiera estado en igualdad de condiciones con un presidente negro, menos condicionamientos, menos representatividad de la clase política tradicional.
Entiendo la frustración de muchos cubanos en esta orilla del Estrecho. En la isla muy pocos sentirán esta frustración; aun estando en contra de la revolución, ellos viven en Cuba y se beneficiaran con esta nueva situación. Entiendo la frustración de muchos cubanos sencillos que se exiliaron, emigraron de Cuba y dejaron tantas cosas atrás… entiendo su dolor, su desencanto, no se lo pueden creer… Otra cosa es la desesperación de la “industria”, de esos que han medrado con el proceso político de los últimos cincuenta años, de los mercaderes y de los mercenarios.
Tengo también presente a los dedicaron su vida y sus esfuerzos a los se dedicaron a combatir al gobierno revolucionario desde posiciones de principios, pienso, claro, en Jorge Valls Arango.
Pienso en tantas personas que sacrificaron sus vidas o partes de sus vidas para lograr que los Estados Unidos y Cuba tuvieran una relación basada en la racionalidad política y no en la obcecación y el espasmo ideológico. Pienso en Francisco González Aruca y en su programa “Ayer en Miami”, en lo contento que estaría en estos momentos después de tanto riesgo asumido por la causa de la normalización de las relaciones entre los dos países. También pienso en el Padre Carlos M. de Céspedes y en cuánto él hubiera disfrutado un momento como este por el reconocimiento que esto implica de Cuba soberana e independiente.
El gobierno cubano negoció con seriedad y consistencia; el gobierno de los Estados Unidos negoción con largueza.
El sentido práctico prevaleció sobre las consideraciones ideológicas en esta decisión de la Casa Blanca de reanudar relaciones diplomáticas con Cuba.
Definitivamente Barak H. Obama quiere dejar un legado que cambie sino el destino nacional del país, al menos la percepción de los Estados Unidos en América Latina y el resto del mundo.
El restablecimiento de relaciones diplomáticas de los Estados Unidos y Cuba es el comienzo de un proceso que tomará años quizás en implementarse adecuadamente; proceso que conocerá de altibajos, retrocesos y avances tímidos. Aun así, es un proceso político interesantísimo que abrirá posibilidades de mejoramiento socio-económico a Cuba y a sus ciudadanos más vulnerables.
Unos minutos después del mediodía, un alumno entró en mi aula visiblemente exaltado al aula y casi grito que leyera el New York Times (NYT) porque habían anunciado el restablecimiento de relaciones de diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba. Abrí la página online del diario norteamericano y allí estaba la noticia desarrollada y varios otros escritos sobre el mismo tema. Abrí la página online del diario Granma y encontré un breve escrito anunciando la intervención de Raúl Castro al mediodía para hacer importantes anuncio sobre las relaciones entre los dos países. Se debe contener el exceso de entusiasmo y también de recelo. Me siento contento, muy contento. Un amigo, con el que me separan algunas diferencias políticas, me envió un texto en cuanto conoció la noticia preguntándome “¿y ahora qué?”; simplemente le respondí, “la paz”.


Friday, January 16, 2015

je ne sais pas



El humor ejercido desde el poder siempre es desagradable. Y molesto. Jode mucho a quienes son objeto de la burla. Cuántos “anticastristas de los noventas y pa’lante” no se rieron a reventar con las “gracias” de Virulo a costa de las personas con creencias religiosas y de los que no tenían un átomo de simpatía por el gobierno, que muchas veces eran las mismas personas. Abarrotaban el teatro que antes se llamaba Blanquita y aplaudían y repetían como una gracia infinita las “bromas” de Virulo. ¿Y los religiosos, como llamaban a todos los que profesaban una creencia o fe religiosa, y los gusanos, como llamaban a los que se oponían o disentían en parte o en todo del gobierno? ¿Y los derechos de ésos que han visto en los últimos veinte años engrosar sus filas a montones gracias al descalabro económico de Cuba, no a la falta de derechos, ni de democracia ni nada de eso? Ah!, esos tenían que tragarse su amargura y su rabia, porque si decían ji, muchos de estos “anticastristas de los noventas y pa’lante” le salían al paso, que la calle es de los revolucionarios o, en el mejor de los casos, se callaban, no oían nada, nada de nada, nadita, nada. Recuerdo un semanario local durante los últimos años de la última década del pasado siglo en Miami, "Éxito". Contrataron los servicios de un caricaturista y éste tenía una sección que tituló El Fundador en la cual se burlaba del finado Más Canosa. La sección El Fundador no duró más que un número. Recuerdo, en esto de la cuestión del humor, las largas y pseudo-teológicas peroratas del Venerable Jorge sobre la risa en la tradición cristiana que Eco escribiera en su novela “El nombre de la rosa”. El Venerable Jorge describía la risa como simoníaca y ocasión de pecado; cierto es que no hay narración alguna sobre el Jesús histórico riendo, pero en los evangelios canónicos hay múltiples referencias a la alegría y el gozo. Es una cuestión de medida. De sobriedad. Incluso en el ejercicio del humor como crítica social. Pienso también en La Comedie Française instituida en la tradición del teatro de Moliere, pienso en la seriedad de una institución como esa que, por decreto de Napoleón desde Moscú en 1812, se dedica a la reposición del teatro clásico francés, Corneille, Racine y Moliere. La Comedie Française es tan seria que aún mantiene su estructura original basada en la Cofradía de la Pasión, una asociación fundada en 1604. La comedia asociada, al menos formalmente en su estructura, a algo tan definitivamente serio como la pasión. El genio francés ha sufrido mucho. Quizás sea Milan Kundera quien se haya referido y ensayado más acerca del humor en la sociedad contemporánea, al humor y su lugar en la historia de la literatura. Para algunos su mejor novela, “La broma”, es una meditación sobre las consecuencias del humor. Se trata de una broma en la Checoslovaquia comunista de los primeros cincuenta, una sociedad muy seria a contrapelo de la sociedad cubana de esos mismos años, que llevó al protagonista de la novela a la cárcel y posterior ninguneo social. Virgilio Piñera fue un gran bromista que pagó con el ostracismo su desenfado. ¡Qué bien leer después de cuarenta y dos años estos versos que nos dejó en “Una broma colosal”, Ahora, callados por un rato, /oímos ciudades deshechas en polvo, / arder en pavesas insignes manuscritos, / y el lento, cotidiano gotear del odio. / Mas, es sólo una pausa en nuestro devenir. / Pronto nos pondremos a conservar. / No encima de las ruinas, sino del recuerdo, / porque fíjate: son ingrávidos / y nosotros ahora empezamos. Allá por el año 1995 unos amigos me gastaron una broma inolvidable, unos versitos de ocasión, los conservo. El ofendido por la broma no olvida, aunque comprenda para seguir el consejo spinoziano. ¿Por qué no se usa el humor para burlarse de los poderosos? Porque o se acaba el financiamiento del sacrosanto sector privado, o te siquitrillan en los estados totalitarios. Entonces, ¿a qué viene tanto escándalo? ¿Burlarse es también un componente insoslayable, primordial, irrenunciable de la libertad de expresión? El humor es factor y actor del cambio político y social que toda sociedad necesita –hay que cambiar, porque los tiempos cambian y las sensibilidades y percepciones, y las realidades políticas y las económicas, todo cambia. No me gusta ponerme tan serio y parecer una persona de alto copete. Ni lo uno, ni lo otro. Disfruto la ironía fina, inteligente que no abuse, de buen gusto. Pienso que el humor debe ejercerse con responsabilidad, valorando las circunstancias y las posibles consecuencias y, sobre todo, sabiendo que los poderosos y los fanáticos no consideran el humor como un modal moderno y sofisticado, sino como una impostura imperdonable, un acto impúdico, un atraco a los principios, una traición, y la traición decían los guapos y los revolucionarios de mi barrio, que no siempre eran las mismas personas, se paga con la vida. El humor es risotada moderna a la seriedad medieval –la gracia de los hombres del Renacimiento costó vidas y sufrimientos y privaciones y destierros…
Me va a tomar toda la vida, aprender algo de ella.